jueves, 12 de septiembre de 2013

Narrar la Matria…Crónicas de un recorrido

Por Aquarela Padilla
@aquareladelsol


Mucha carretera andamos, en cada cruce perdemos la mirada en el naranjal, de un cielo como a punto de caer al mar, rasgándolo; el Caribe tiene ese signo de luz inacabable. Quienes habitan estas tierras tienen un hablar deprisa, como si las palabras se fueran a perder en el aire mineral al pronunciarlas. A cinco horas de Cumaná hay un pueblo llamado Yaguaraparo, en el Municipio Cajigal, a él hemos llegado con pocas pistas, guiados por esa suerte que acompaña a los errantes.

La mañana está clara, cada cual a su oficio, las fachadas y los rostros de las doñas tienen la huella de la política de la cuarta, de la soberbia de los terratenientes del cacao. Ellas son la historia de nuestro país, de ahí venimos, de ese grito común. 

Elis Brito, vocero del C.C La Horqueta Matachivo, nos guía a la EPS La Horqueta Productiva, unidad de suministro que guarda la cosecha de los Consejos Campesinos de la zona; ahí nos esperan los comuneros, comenzamos la preguntadera, así fue que nos enteramos del proceso político que llevan a cabo aquí, donde el cacao nace como hormiga.


Esta EPS tiene apenas seis meses, y es la conclusión de un proceso productivo de alimentos que se inicia en los conucos; para entenderlo, Augusto Espinoza (agricultor), nos explica que este espacio es un logro de la Comuna, un proyecto piloto que se originó en el Frente de Productores, que existen once espacios más como éste en todo el país, y que esperan poder hacer otro “en el vivero”.

Antes, iban a las ferias en Caracas a vender la cosecha, eso dificultaba que los pobladores pudieran consumir los alimentos sembrados en su propia tierra, tenían que adquirirlos a precios más altos en el mercado privado; la diferencia ahora es que estos llegan a la población de Yaguaraparo sin intermediarios y a un costo más accesible; “para mí La Comuna debería ser un ejemplo de producción, para decirle al mundo que nosotros podemos” dice, y nos cuenta de lo difícil que es para la gente trasladarse con un mal servicio de transporte público, desde las zonas más retiradas del Municipio hasta aquí; que debería haber más apoyo del gobierno para construir otras unidades en las montañas de Cajigal, para mejorar la vida.


El fluir de la conversa deja colar un lamento, “los jóvenes han perdido la fe en la agricultura, porque si su papá se muere arruinado, y el papá de él arruinado, piensa –qué voy a hacer yo sembrando matas, me voy pa´ Caracas-”, la juventud ha partido a la ciudad en búsqueda de un imaginario desarrollista que considera a la metrópolis cúspide de la realización humana. A pesar de esta realidad, Surelis Villarroel, joven productora y maestra-pueblo, interviene en la conversa en pro de la esperanza “aquí hemos comenzado una estrategia, en el vivero, donde estamos formando aproximadamente a 180 productores en la parte agrícola y la parte política para la organización, la mayoría son jóvenes, se está integrando a la juventud a producir alimento”. 


Terminamos el recorrido en La Horqueta Productiva, con la sensación de haber estado en casa, con ese orden propio de donde siempre faltó el pan pero nunca la dignidad. Vamos con Surelis a ese vivero, ahí es dónde está el guaguancó.

Trabajar a Capela…el arado en una mano y el fusil en la otra

De camino nos cuenta que en las tardes se incorporan l(a)s estudiantes junto a sus maestros-pueblos, a recobrar el sentido de la siembra en un intercambio de saberes, que no da pie a la espera del Estado, ni a la poca fe que algunos vecinos aún guardan. 

Tres hectáreas recuperadas son testigos del esfuerzo de est(a)s campesin(a)s. Varias han sido las estrategias aplicadas para mantener un vivero que es a la vez escuela, punto concéntrico de un sueño. Esta experiencia surgió en los Consejos Campesinos, que están por legalizarse como Comuna Agraria en articulación con el Distrito Motor de Barinas. Chávez, Bolívar y Zamora es el nombre que tendrá este trozo de Patria que hoy tiene la capacidad de generar 180.000 plántulas criollas cada ciclo de siembra.

“El proceso de producción antes de la Comuna casi no se estaba dando, el productor se hizo monocultor, producía sólo cacao, y cuando bajaba el precio no tenía con qué mantener a su familia; a través de las comunas queremos que el campesino produzca varios rubros”


Esa Economía Comunal de la que hablan las leyes es letra viva en Cajigal. Toca poner en debate el trabajo corresponsable del Gobierno Bolivariano y las Comunas para construir la Matria Soberana; “Aquí trabajamos con las uñas”, “No basta con la limpieza de los campos, hace falta que el Gobierno crea en el productor, que lo apoye”, son parte de las frases que despliega esa convicción de la gente que es protagonista de una transformación que aún carga el peso de la estructura de un Estado Burgués, gente que cree en la palabra de Chávez, y que critica duramente los atropellos de las instituciones que no terminan de entender con qué se come eso del Estado Comunal.

Sonrisa adelante Germán Zorrilla habla de la tierra “Nosotros trabajamos a capela, sin instrumentos, con lo que uno pueda conseguir en el medio ambiente, solamente porque nos gusta, uno lo hace porque hay que hacer la comida, el país necesita comida; mucha gente ahorita no está trabajando la agricultura, ese es el gran déficit que hay en la nación, la gente quiere una oficina con aire acondicionado, andar deambulando de arriba abajo con un sueldo, sin producir. Cuando se cree conciencia de que viene hambre, los encumbrados, los que están allá arriba sin ver lo que pasa en el campo también van a morir de hambre. Aquí estamos nosotros trabajando, lo importante y lo bueno es que se puede pasar necesidad, trabajo, pero cuando se ve el fruto…hay alegría” 

Atento el oído a la grieta que hace de este hombre de 58 años hablar aquí por esos que decía Augusto que habían muerto arruinados. “Por falta de instrucción en la persona es que los campos se han abandonado, no se tienen centro de salud, escuelas; en algunas partes ya está llegando la luz eléctrica, el agua tienen que buscarla de muy lejos aún habiendo en esos campos donde poner acueductos; ha faltado eficiencia de los entes que les corresponde. En la medida en que se concientice y la gente trabaje como comuna sí puede cambiar, en que las autoridades que tienen la posibilidad económica ayuden con adiestramiento a la gente, con enseñanza. Pero habría que hacer como dice el eslogan del gobierno Eficiencia o Nada; o nos metemos aquí al campo a sudar, a que nos piquen las plagas, las hormigas, pasando sed, hambre si es posible…necesitamos poner el arado en una mano y el fusil en la otra”

Ahí entre l(a)s comuner(a)s, en la conversa inagotable de esa fe que pocas veces puede explicarse, que nos comuna en la certeza de lo impostergable, que nos da fuerza ante las dificultades…segur(a)s estamos que en algún momento también llegó el Comandante con su tacita de peltre, y se fue corriendo con nosotr(a)s, saltando por esos montes a la hora del zancudo, con la alegría en el rostro, conmovido hasta el alma.

Fotos: Veronica Canino

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