martes, 12 de agosto de 2014

Desde Bolívar, para que gobierne el pueblo

Comuna Panapana Socialista, estado Bolívar

Fernando Vicente Prieto


En la margen derecha del Orinoco, a pocos kilómetros del lugar elegido por Simón Bolívar para realizar el Congreso de Angostura en 1819, setecientas familias dedicadas a la agricultura, a la ganadería y a la pesca artesanal se organizan en torno a la Comuna Panapana Socialista. Con casi 160 mil hectáreas de superficie, la comuna coincide en toda su extensión con la parroquia del mismo nombre, ubicada en el municipio Heres, en el estado Bolívar. Un lugar con extraordinario potencial, donde la Comuna intenta sortear décadas de atraso económico con organización, paciencia e insistencia revolucionaria.

Una historia en pleno desarrollo

La comuna Panapana Socialista fue registrada en octubre de 2013, aunque su recorrido comenzó varios años atrás.
Con la sanción de la Ley de Tierras impulsada por la Revolución Bolivariana, desde 2007 miles de hectáreas pasaron a manos de familias que querían un pedazo de terreno para trabajar. Hasta entonces estaban en poder de un puñado de terratenientes, asentados en la cúspide de un régimen económico de características semifeudales. Con este sistema -iniciado trescientos años atrás con base en la explotación de los pueblos kariña y warao, originarios de la región-, las tierras se encontraban en su mayor parte ociosas y quienes trabajaban lo hacían en pésimas condiciones. Mientras tanto, los pescadores se las arreglaban para subsistir en la orilla del río. Pero bastó el impulso a la democracia participativa y protagónica para que las cosas empezaran a cambiar.

Hacia 2008 se organizaron los primeros consejos comunales, y en 2010 -siguiendo el ejemplo de los vecinos de la Parroquia Marhuanta- impulsaron su propia Sala de Batalla Social. “Un grupo de voceros, viendo domingo a domingo las alocuciones del comandante Chávez, nos fuimos a investigar qué era eso de la Sala de Batalla Social”, cuenta Andrés Salgado, actual integrante del órgano ejecutivo de la comuna. “Y desde ahí venimos rodando, rodando”.

Vladimir Carpio
El nombre elegido para la naciente Sala de Batalla fue “La hija de los vencedores de Angostura”. Vladimir Carpio, hoy parlamentario comunal, fue quien realizó la propuesta, aprobada luego en asamblea. “Mucha gente propuso nombres”, explica Andrés, “pero el que elegimos nos pareció profundo, simbólico”.
“Inicialmente no hablábamos de comuna, pero sí que teníamos que resolver en colectivo. Siempre tratar de unir fuerzas, para resolver los problemas que son comunes”, dice Jovanny González, parlamentario por el Consejo Comunal Ezequiel Zamora y uno de los promotores.
González relata que durante 2011 y 2012 se reunían a leer y debatir las leyes del Poder Popular, sancionadas en diciembre de 2010. Con el caminar, se fueron sumando las organizaciones comunitarias de la parroquia, hasta alcanzar 14 consejos comunales y tres consejos campesinos en 2013, quienes aprobaron la carta fundacional y formalmente dieron origen a la comuna.

Agricultura, ganadería y pesca

Como otras regiones del país, la zona se encuentra unida a la memoria del primer Libertador. Además del nombre del estado, la cabecera se llama Ciudad Bolívar. Hace dos siglos, en plenos combates anticoloniales, su nombre era Angostura y tenía una explicación geográfica sencilla: se trata del lugar donde el cruce del Orinoco es más corto, porque el río se angosta.
En la zona conviven históricamente las familias que viven de la pesca junto a quienes cultivan el suelo y crían animales. La tierra es roja y en algunos lugares más arenosa. Se trata de un lugar donde predomina la llanura, con algunas ondulaciones y muchos cursos de agua. La geografía no es obstáculo para las tareas agrícolas, pero sí pone límites a la mecanización. Poco más de 3 mil hectáreas pueden ser trabajadas de esta manera y los comuneros están empeñados en revertir la baja productividad, característica del modelo que se intenta revertir.

Actualmente se produce maíz, ají, frijol, yuca dulce y amarga; y también frutales como patilla, melón, mango y lechoza. A nivel pecuario, las familias cuentan con pequeños planteles de ganado vacuno, porcino, caprino y avícola.
Vladimir Carpio informa que alrededor del 35% de la tierra se encuentra sin trabajar, porque está en poder de personas que “las están engordando” para luego venderlas.  “Cámara, ¿ve? Todas estas tierras están ociosas”, señala Carpio, mientras rodamos hacia el oriente por la autopista que une Ciudad Bolívar y Puerto Ordaz. “Nosotros como Comuna nos vamos a proponer rescatarlas y ponerlas al servicio de la comunidad”.

Un proyecto clave en esta estrategia es la planta procesadora de alimento balanceado, cuya ejecución se encuentra paralizada, de acuerdo a los comuneros, por la falta de respuesta de algunas instituciones involucradas en los permisos. Entre ellas, el Ministerio de Ambiente, que se demora en aprobar la deforestación del predio de 15 hectáreas donde se instalará el proyecto.

A su vez, se impulsa una creciente mecanización que permita la siembra de maíz, sorgo y soya en 3200 hectáreas, con la idea de abastecer de insumos a la planta. De acuerdo a sus estimaciones, la provisión asegurada de estos insumos posibilitaría la producción de unas 2 mil toneladas de alimento balanceado al mes, que pueden destinarse al engorde de los animales, aumentando la cantidad de carne y leche producida.
Considerando que uno de los obstáculos para este aumento de productividad es la falta de maquinaria de trabajo agrícola, en la región se dan situaciones curiosas. Robert López es parlamentario del Consejo Comunal Angosturita y muestra orgulloso un tractor que se encuentra pasando la rastra a un terreno de la comunidad. La máquina, de origen bielorruso, fue recuperada en agosto de 2013. Estaba en manos de un terrateniente a quien se la había cedido un funcionario del Estado nacional. 

Este y otros episodios similares de contradicción entre las comunas y el Estado en transición se suceden a cada charla. “Aquí falta más apoyo de las instituciones”, reitera Vladimir. “Hay alcaldes y gobernadores que no les sale de su boca la palabra comuna, es una vergüenza. ¿Usted sabe una cosa? Hay un cierto miedo al autogobierno, incluso en algunos sectores del gobierno”.
A medida que nos aproximamos al río, se encuentran las comunidades más pobres. Allí se pueden ver ranchos de bahareque que albergan familias de pescadores, quienes también crían animales pequeños y siembran algunos frutales.

Jorge Caraballo es uno de los referentes de la comunidad Los Negritos. Además de impulsar la siembra de melón, patilla y auyama; su principal ocupación es la compra y venta de pescado. Rayado, dorado, coro coro, coporo, palometa, paisano, cachama, guitarrilla, huara huara son algunas de las muchas especies presentes en el Orinoco.
De carácter más bien reservado, Caraballo deja la parquedad cuando se pone a hablar del proyecto piscícola de la comuna. Se saca y se pone su gorra roja mientras repasa la iniciativa. La idea es desarrollar lagunas artificiales en las zonas con potencial pesquero. Allí se sembrarán especies de peces originarias del Orinoco.

Jorge Caraballo
También se entusiasma al pensar en el otro componente del proyecto. La propuesta es desarrollar una Escuela de Formación Técnica Agroecológica. “Con formación revolucionaria socialista –aclara-, porque para fortalecer la Revolución debes formar personas con criterios socialistas, que cuando vayan lleven ese mensaje”.
Sin embargo, el proyecto también se encuentra demorado por cuestiones burocráticas, algo que lo irrita profundamente, al igual que todas las decisiones tomadas sin conocer la comunidad y su entorno. “Lamentablemente tenemos gentecita que decide y que no acepta ideas factibles”, comenta, resignado por un momento.

Más solidaridad, más equilibrio

“Tú tienes que aprender a vivir en el socialismo”, dice José Hernández, vocero del consejo comunal Ribera del Tambor, para argumentar por qué, según él, falta mayor intensidad en la formación ideológica, una situación que por momentos trae injusticias, tensiones y dificultades.
“Es que estamos construyendo una sociedad distinta a la que viene de la colonia para acá”, agrega. “¿Qué significa esto? Renunciar a los vicios e intriga. El socialismo es otra vaina. Es amor, igualdad, respeto”.

Al igual que otros comuneros, Hernández se queja de que todavía sigue habiendo una gran cantidad de desequilibrios en la comuna. Entre estos, menciona la necesidad de vivienda que tienen comunidades como Los Negritos o Angostura Cruce de Bolívar. Actualmente, la comuna construye 84 viviendas, pero ninguna se encuentra en estos sectores. “Estamos pidiendo otras 116 viviendas para atender las necesidades más urgentes de las comunidades”, informa Vladimir Carpio mientras visitamos la obra.

El transporte y la salud son otros proyectos prioritarios para las comunidades, en zonas de difícil acceso. En este último caso, se está trabajando para que un módulo de Barrio Adentro se instale en la zona.
En cuanto al transporte, las comuneras y comuneros relatan que el transporte que circula la autopista no para en medio del trayecto. Por esta razón, en lo inmediato se encuentran abocados a gestionar rutas comunales que puedan conformar una alternativa a este problema recurrente, que hace perder un tiempo valioso a los integrantes de las comunidades.

Guerrer@s del Orinoco

Emes Ventura
Emes Ventura Sifontes es vocero del Consejo Campesino Fortaleza Revolucionaria. Nacido hace 49 años a la orilla del río, cuenta que en el sector sería necesario un centro de ganadería de doble propósito (carne y derivados), para el cual se está solicitando un apoyo inicial que permita comprar 25 vacunos y montar las instalaciones para tambo mecánico, depósito de quesos y matadero de ganado.
Es jueves por la mañana y en un rato más sesionará en forma extraordinaria el Parlamento comunal. Mientras se da la conversación, esperamos a que llegue Yudith Moreno, vocera y parlamentaria del consejo comunal Angostura Cruce de Bolívar, el sector más alejado de la autopista y por lo tanto, con mayor dificultad de acceso a las reuniones.

Allí, nos cuenta Emes, el tiempo se detuvo. “Hasta ahora el proceso no ha llegado”, explica. “Han sido muy poco beneficiados”. Sin embargo, considera que es un avance que a pesar de todo se encuentren participando, trayendo inquietudes, construyendo comuna.
En eso estamos cuando por entre el monte aparece Yudith, una morena de 46 años, sonrisa amplia y mucha determinación. Con ella y varios compañeros nos vamos para el Parlamento.

Organizarse por todo lo que falta

Algo más de cuarenta personas se reúnen en el predio de Oscar Mendoza. Entre ellas, once mujeres. Sillas de madera y de hierro se disponen semicircularmente en la cochera de la casa. En un extremo, la mesa del Comité Ejecutivo. Detrás, un pendón que dice “Chávez, corazón de mi Patria”. Un poco más abajo otro cartel, más pequeño: “Maduro presidente, los trabajadores construyendo el socialismo”.

Del otro lado, frente a la mesa del órgano ejecutivo, una pared muestra dibujos de tanques australianos y conexiones para el proyecto de piscicultura. Son las evidencias visibles del trabajo organizativo que vienen realizando junto a un ingeniero de Corpoelec, quien está apoyando el proyecto.
En el lugar también están apiladas decenas de bolsas de cemento, que forman parte del avance de la Gran Misión Vivienda.

La asamblea extraordinaria del Parlamento Comunal es intensa. Uno a uno los compañeros se van anotando en el derecho de palabra, no exento de interrupciones y de confrontaciones verbales por momentos.
Por un lado, existe enojo con algunos sectores del Estado, incluso del ministerio de Comunas, por demorar innecesariamente algunos trámites. Se menciona especialmente el caso de Fundacomunal, a partir de la intervención de una compañera que sostiene que lleva más de un año intentando registrar su consejo comunal, para luego sumarse a la comuna con todas las de la ley.

Por otro lado, existe una diversidad de opiniones sobre un tema y luego sobre otro: los proyectos socioproductivos; la relación política con el gobernador y el alcalde y finalmente, la posibilidad de incorporar nuevos consejos comunales que hasta ahora no venían haciendo vida en Panapana socialista, hasta el método para hacer más operativa las sesiones. En ese marco, la mañana se va rápido mientras el temario avanza. Tres consejos comunales son aceptados por el Parlamento como miembros plenos.  

Yudith Moreno
En el cierre, conversamos con Yudith Moreno, la parlamentaria de Angostura Cruce de Bolívar, antes de que emprenda su largo regreso a casa.
Yudith mira a los ojos y uno no puede dudar del sentimiento en sus palabras. “Chávez para mí está vivo”, responde sobre la ausencia-presencia del Comandante. “Cada vez que me paro y tengo que salir a la calle, siento que mi presidente está allí”, se emociona.

Sabe que la lucha está plagada de acechanzas. Y que llegar a las sesiones de la comuna es parte de los desafíos que hay que vencer. Cuenta que en ocasiones anteriores tuvo que esquivar culebras, osos y araguatos. Esto no es una metáfora. “De casa a la autopista, camino casi 9 kilómetros donde hay de todo”, explica la vocera. Para acortar un poco, parte de ese recorrido lo tiene que hacer atravesando el río con el agua al pecho. Si no, como en este caso, camina casi dos mil metros para que una pequeña embarcación -una curiara- la acerque a la orilla cercana al campo de Emes y desde allí, volver a caminar otros varios kilómetros.

En un Parlamento donde casi todos son hombres, Yudith es una de las excepciones que vienen cambiando la historia. “Soy la guerrera que me muevo, pue’. Voy a donde tengo que ir con mi señor delante”, sostiene. Con voz pausada, explica las carencias en vivienda, vialidad, transporte, agua potable, sanidad. Su expectativa pasa por ir resolviendo esa deuda histórica que atravesó toda su vida, gobierno tras gobierno.
 “Ver cómo es mi comunidad me da fuerza para seguir todos los días en esa lucha”, agrega. Hoy tiene un proyecto y desea construirlo con las demás comunidades. “Con la Comuna se está logrando conseguir cosas que no se habían visto”.






Fotos: Oscar Arrias

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